viernes, 17 de diciembre de 2010

Amalia (Cap.2)

Cuando afrontaba el último paso de peatón para llegar a la mesa en la que Natalia estaba esperándome, un niño cruzaba a pocos pasos delante de mí, el pequeño miraba una pelota que tenía bajo el brazo, y justo cuando se acercaba a la acera, tropezó con sus cordones, desamarrados. Miré en ambas direcciones, un coche de la empresa de telecomunicaciones de mi padre se acercaba no demasiado despacio. No pude retener la reacción instintiva que salió de mí, grité asustada y corrí hacia el niño, aún en el suelo intentando levantarse. Los neumáticos del automóvil empezaron a chirriar con muchísima fuerza, pero parecía que nunca se iba a detener; yo ya había caído de rodillas al lado del pequeño. Unos segundos después, que se hicieron infinitamente extensos, el empleado de "Tell them" consiguió parar a unos pocos metros de nosotros. Jamás podré olvidar el instante en el que la criatura, con su rostro angelical y una mirada entre el pánico y el alivio, derramó una lágrima acompañada de una sonrisa que pretendía transmitir que se encontraba bien. Antes de que pudiera darme cuenta, el conductor del coche, todas las personas que caminaban por la zona e incluso mi amiga Natalia, estaban apelotonadas a nuestro alrededor. Jaime, como me dijo que se llamaba mientras intentaba ponerse en pie, corrió a abrazar a su madre, luego se volvió y me dirigió una última y sincera mirada. 
- ¡Amalia! - Dijo Natalia intentando no alzar demasiado la voz e intentando ocultar su preocupación. 
- Tranquila, Natalia, tranquila. Estoy bien. 
- Pero, ¿qué ha pasado? He visto un mogollón de gente, y en el centro estabas tú, tirada en el suelo sobre un niño, ¿cómo llegaste hasta ahí? - Preguntó contrariada.
- No lo sé. Estaba cruzando, cuando el niño tropezó, y lo siguiente de lo que tengo conciencia es cuando todas esas personas nos rodeaban. Fue todo muy rápido, y la vez, tan lento y embriagador. Su mirada era tan profunda, no parecía que estuviéramos en este lugar. No lo sé, sin duda, se me hará complicado olvidar lo de esta mañana.
No podía quitarme de la cabeza el suceso que había vivido, pero tenía que prestar atención a mi amiga, para eso estaba allí. 
- Y dime, ¿cómo te encuentras? ¿Qué tal va todo? - Dije aún con respingos en la voz y la respiración entrecortada. 
- Pues bueno, sinceramente, estoy muy dolida; aparte de lo de mi abuela, por mis padres. Mi madre lo está pasando francamente mal, ahora que papá se ha distanciado y no tiene a su madre, solo le quedo yo, y tengo miedo de no saber estar ahí, de no estar a su lado en el instante exacto en el que me necesite. 
- Natalia...
Sin duda, era el día de mis reacciones sin pensar, de las que salen desde el corazón. Me acerqué a mi amiga desconsolada, y la abracé. Se nos escaparon algunas lágrimas y ambas e intente retomar:
- Piensa que, como dices, ahora eres el mayor apoyo de tu madre, y si tú no sacas fuerzas, no podrás levantarla a ella. Creo que deberías también hablar con tu padre, hacerle ver toda la situación, que estoy segura de que abrirá los ojos; y eso sería verdaderamente alentador para tu madre. - Intenté animarla.
- Lo sé, me he planteado llamarle, pero no se me ocurre como podré plantarle cara. Y sé que tienes razón, en ambas cosas la tienes. - Respondió pensativa.
- Siempre te he considerado una persona fuerte, sé que saldrás de esta. Es un golpe duro, pero sabes muy bien que estaré a tu disposición cuando me necesites, solo tienes que llamarme.
- Lo sé Amalia, y no sabes cuanto agradezco eso. - Nos abrazamos de nuevo, emocionadas. - De hecho, me has ayudado tanto, que acabo de tomar una decisión: llamaré a mi padre ahora mismo. - Dijo a la vez que tomaba su bolso, decidida.
- Me alegra mucho que te hayas atrevido, ahora queda lo más difícil, hablar con él. Pero tú puedes, piensa en tu madre, en volver a ser una familia unida, y que la felicidad vuelva a invadir tu hogar.
- Gracias Amalia, de verdad, gracias. ¿Te llamaré esta noche para contarte como ha ido todo, de acuerdo? - Finalizó con el móvil ya en la mano.
- Por supuesto, sobre las nueve si es posible, ¿vale? Que antes tengo un examen en la facultad y luego pasaré acompañaré a Lorena hasta su casa. 
- Perfecto, así será. ¡Mucha suerte!
- Gracias, ¡se fuerte! ¡Ánimo! - Concluí con una sonrisa. 
- Lo intentaré, hasta la noche - Sonrió también.
Con todo este flujo de emociones, regresé hacia mi coche. Me vi obligada a cruzar de nuevo por el paso de peatones de hace un rato, me invadió una extraña sensación de alivio, de vida; necesité cerrar los ojos y respirar ondo. 
Sentada ya dentro del coche, comprobé que faltaban pocos minutos para las dos. Así que bajé la música y marqué el número de Néstor, deseando verle y esperando que él pudiera darme ese cariño tan especial que tanto necesitaba y él tan bien sabe darme.                                                                                 A.  

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